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Yo repruebo, tú repruebas, él ...

congreso diputados.jpgComo si de cualquier cosa se tratara algunos de nuestros parlamentarios han decidido reprobar a Benedicto XVI por no estar a favor de repartir preservativos para la lucha contra el SIDA. ¡Vaya hombre, qué modernidad!, porque a modernos y progres no nos gana nadie. Y eso que de todos es sabido que uno acaba oyendo lo que quiere oír y que por más que se lo digamos algunos –y no me refiero a un servidor, que no pretende tanto- da lo mismo lo que se haya dicho.

Que yo sepa la posición del Vaticano es pública y notoria. Y desde que Benedicto XVI está al frente de la Iglesia, si dejamos a un lado los prejuicios –que no son pocos por parte de muchos-, nos encontramos con dos novedades: que no tiene pelos en la lengua ni reparo en tocar temas de los denominados “espinosos” y que habla, o escribe, que se le entiende todo. No hay que olvidar que siempre se ha caracterizado por ser brillante -no hay más que recorrer su curriculum para que esto quede meridianamente claro-.

Y claro, su pecado, si se me permite la expresión, es que ha dicho una verdad como un templo. A saber: “los preservativos no son la solución al SIDA”.

¡Anda!, pero si resulta que lo que ha dicho es cierto de todas todas. Y es que siempre es más sencillo y da más votos, y quedas mejor con la gente si le das preservativos y les dejas hacer, que si les dices que no lo hagan, que es una cuestión de responsabilidad personal –nótese que mi argumentación está intencionadamente alejada de ningún juicio de valor-. Es como aquello de “niño deja la chimenea que te vas a quemar”, y dale a tocar el fuego, pues sin necesidad de ser un verdadero augur, resulta que va el niño y se quema. ¿Cuál es la propuesta progre? No te preocupes, te dejo un guante de amianto para que no te quemes, por lo que puedes seguir jugando con fuego. Pero luego, resulta que un día no tenemos guantes y seguimos jugando y no nos quemamos. Otro día el guante está roto, pero tampoco nos hemos quemado. Otro seguimos jugando sin problema alguno. Pero puede que un día te quemes, como es de prever si se juega con fuego. Y bueno ya está el lío armado: la culpa es del que dice que no hay que jugar con fuego, claro está. Ningún progre asumirá su responsabilidad en el asunto y además se pondrá del lado de los que quieren jugar con fuego como si ello fuera un derecho inalienable de las personas y al que en pleno siglo XXI no vamos a renunciar. Puesto que de todos es sabido que nuestra especie está hecha para jugar con fuego.

 

Pues bien, yo lo repruebo. Repruebo la mala fe de aquellos que se erigen en guías y próceres de la humanidad y no le advierten a esta de los peligros que corre. Yo repruebo la estupidez de la masa que en vez de utilizar la cabeza para llegar a sus propias conclusiones, se deja dirigir cual borrego dentro del rebaño y se cree poseedor de todos los derechos que algunos iluminados les mencionan. Yo repruebo a nuestros parlamentarios que saltándose los tratados internacionales intentan amordazar a los representantes de la Iglesia en el ejercicio de sus funciones. Yo repruebo todo eso y alguna cosa más que no cabe aquí. Tú, ¿lo repruebas?