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Cavernícolas

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Héme aquí una vez más sentado frente al pc como un cavernícola.

Sí, ya sé que en la prehistoria no habían ordenadores, pero yo me refiero a los habitantes de la caverna del mito de Platón. Por si alguien no lo conoce, Platón imaginó una alegoría, en la que habían unos cavernícolas que no conocían la luz y vivían esclavizados mirando unas sombras proyectadas sobre una pared que ellos creían que eran la realidad.

Pues después de más de 2.400 años, aún seguimos igual, no aprendemos. Porque es eso precisamente lo que nos sucede cuando miramos la tele o navegamos por Internet, recibimos una información que consideramos más o menos real, y que es artificial, superflua, creada por alguien de quien no conocemos ni su cultura ni sus intenciones.

Podríamos decirnos, “pero es que yo no me creo nada de lo que veo por la tele o el ordenador”; en ese caso, ¿qué hacemos tantas horas frente a la pantalla? ¿por qué no nos aburrimos y seguimos acudiendo diariamente a por nuestra dosis?. La información que recibimos por el monitor, se refleja en nuestras pupilas, las cuales llevan las imágenes directamente a nuestro cerebro y una vez en él, sólo Dios sabe lo que hacen con nuestra mente, consciente y subconsciente.

Aunque no sabemos el efecto que la tecnología pueda tener sobre nuestros pensamientos y nuestra cordura, sí sabemos el efecto que tiene en nuestro cuerpo. El primer efecto inmediato es hacer que permanezcamos sentados, quietos y aislados, lo cual puede traducirse en colesterol alto, pereza, sobrepeso e inadaptación social entre otras cosas. Pero lo grave es que la tecnología nos haga perder el tiempo, nos haga perder la vida. Una vez leí una estadística que relacionaba la esperanza de vida de los fumadores con la esperanza de vida de los no fumadores; la conclusión era que cada cigarrillo acortaba nuestra vida un minuto. O sea que el tabaco, además de empobrecer y enfermar, mata. Hay muchas veces que una hora frente al televisor son 60 minutos de vida desperdiciada, como 60 cigarrillos, vamos. Los fumadores al menos nos pagan los impuestos con cada cajetilla.

La información más sana que sí vale la pena que retengan nuestras pupilas es la vida real, la relación con las demás personas, en el trabajo, en la familia, con los amigos,… tenemos que complicarnos la vida, comprometernos en múltiples responsabilidades que nos obliguen a salir de casa y relacionarnos con las demás personas; esto nos mantendrá alejados del vicio y nos ayudará a aprender. Las alegrías y los problemas de la vida cotidiana son las vitaminas y proteínas que nuestra mente necesita para, con la ayuda de Dios, no deprimirse. Por eso, es un deporte muy sano tener alguna responsabilidad en nuestra parroquia de referencia. Animo a quien lea estas líneas a que se presente sin miedo a su párroco para ofrecer su tiempo y su disponibilidad, ahora que hay crisis dinero hay menos para ofrecer, pero el tiempo no debe ser excusa; sea lo que sea, será bueno para todos, empezando por uno mismo.

Creo que Platón fue un gran visionario de su época, pero si Platón hubiera visto nuestra sociedad, la sociedad del futuro, estaría muy orgulloso de su alegoría y muy defraudado con el género humano.

Platón también dejó escrito en la explicación de su mito (recordemos que fue 400 años antes de Cristo) la existencia de un iluminado que entraría a la caverna para liberar a los esclavos, pero éstos últimos, acomodados en su ritmo de vida, se negarían a escucharlo y creerlo e incluso intentarían agredirlo si se empeñaba en liberarlos. Creo que esta idea de Platón, a los cristianos nos recuerda mucho a alguien ¿verdad?. Resulta curioso comprobar cómo un genio de la filosofía como Platón, que fue discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, pudo llegar a profetizar la misión de Cristo sólo con su capacidad de razonamiento. Esto nos demuestra que la razón, guiada por la verdad, es un camino de conocimiento válido; también demuestra que fe y razón están más vinculadas de lo que imaginamos.

Pues bien, el libertador ya ha venido, ya nos ha mostrado el camino, ya ha muerto por nosotros y ya ha puesto en el mundo los medios necesarios para que nos liberemos de nuestras cadenas. A nosotros nos toca escucharle o no, creerle o no, seguirle o no, renunciar a nuestras cadenas y emprender el camino hacia la luz...  o no.

 

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