La propuesta de una comisión de no sé qué llevada al
Congreso de los diputados por el Partido Socialista –que alguien me corrija si
este no es el protocolo que ha seguido y si la corrección aporta algún dato a
tener en cuenta para matizar mi punto de vista- de permitir abortar a menores
de dieciséis años sin el consentimiento parental no me ha sorprendido en absoluto.
Por pre-anunciada y por la escasa cordura que reina en el panorama político
español de los últimos años.
No he podido seguir de cerca, al encontrarme en Italia,
las resonancias que semejante propuesta ha causado en la sociedad española. En
internet he encontrado junto a voces de alarma algunas otras justificativas. El
argumento esgrimido por la ministra de Igualdad es resueltamente inaceptable.
Lo definiría de irrisorio de no ser porque sobre la mesa se pone un asunto
serio: la vida humana, ni más ni menos.
Lo accidental de la cuestión no debe distraernos de lo
esencial. Estamos dialogando sobre la vida humana. No importa si la mujer que
aborta tenga dieciséis, veintiséis o treinta y seis. Ese no es el punto. La
piedra angular del argumento no debe centrarse en la fecha de nacimiento de cualquier
subjetividad, sino en el derecho de toda vida humana a desarrollarse en
plenitud. Aunque el asunto es complejo, no exento de matices diversos, y no se
puede simplificar, la defensa de los derechos del hombre están por encima de
cualquier opción personal, se tome con los años que se tome.
Lo más pernicioso de este tipo de debates radica en la
polvareda que levantan, que a la postre termina por cubrir el inmobiliario
social. En lo que respecta al contenido, una propuesta tal presupone la
absoluta inmadurez de los adolescentes, además de la convivencia pacífica entre
la capacidad de auto-determinarse en aspectos fundamentales de la vida y de,
por otro lado, seguir dependiendo de la paga de sus padres para pasarlo bien el
fin de semana. Desde un punto de vista formal, la propuesta se devora a sí
misma: los menores no pueden contraer matrimonio sin el consentimiento parental
pero se pretende que puedan abortar sin aquél.
De todas formas, esto último es accidental. La cuestión
es otra. Ya lo he dicho.
|