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Un aborto de propuesta
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La propuesta de una comisión de no sé qué llevada al Congreso de los diputados por el Partido Socialista –que alguien me corrija si este no es el protocolo que ha seguido y si la corrección aporta algún dato a tener en cuenta para matizar mi punto de vista- de permitir abortar a menores de dieciséis años sin el consentimiento parental no me ha sorprendido en absoluto. Por pre-anunciada y por la escasa cordura que reina en el panorama político español de los últimos años.

No he podido seguir de cerca, al encontrarme en Italia, las resonancias que semejante propuesta ha causado en la sociedad española. En internet he encontrado junto a voces de alarma algunas otras justificativas. El argumento esgrimido por la ministra de Igualdad es resueltamente inaceptable. Lo definiría de irrisorio de no ser porque sobre la mesa se pone un asunto serio: la vida humana, ni más ni menos.

Lo accidental de la cuestión no debe distraernos de lo esencial. Estamos dialogando sobre la vida humana. No importa si la mujer que aborta tenga dieciséis, veintiséis o treinta y seis. Ese no es el punto. La piedra angular del argumento no debe centrarse en la fecha de nacimiento de cualquier subjetividad, sino en el derecho de toda vida humana a desarrollarse en plenitud. Aunque el asunto es complejo, no exento de matices diversos, y no se puede simplificar, la defensa de los derechos del hombre están por encima de cualquier opción personal, se tome con los años que se tome.

Lo más pernicioso de este tipo de debates radica en la polvareda que levantan, que a la postre termina por cubrir el inmobiliario social. En lo que respecta al contenido, una propuesta tal presupone la absoluta inmadurez de los adolescentes, además de la convivencia pacífica entre la capacidad de auto-determinarse en aspectos fundamentales de la vida y de, por otro lado, seguir dependiendo de la paga de sus padres para pasarlo bien el fin de semana. Desde un punto de vista formal, la propuesta se devora a sí misma: los menores no pueden contraer matrimonio sin el consentimiento parental pero se pretende que puedan abortar sin aquél.

De todas formas, esto último es accidental. La cuestión es otra. Ya lo he dicho.

Sobre Enacciondigital
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Ayer asistí a una conferencia de Juan Rubio, director de la revista Vida Nueva, muy interesante. En ella ofreció una panorámica de la situación de la información religiosa en España, tanto en lo que se refiere a los medios (prensa escrita y digital, radio y televisión) como en lo relativo a la cualidad del cauce informativo (generalista y religioso). Trazó un cuadro algo pesimista en algunos puntos y esperanzador en otros.

Entre las razones que parecen abocar al pesimismo –o más bien la cautela- se haya el desconocimiento creciente por parte de los medios generalistas de la realidad eclesial en su conjunto. Al abordar cuestiones concernientes a la Iglesia, muchos periodistas se aproximan a tales fenómenos con una falta de conocimiento de la dinámica eclesial que desemboca casi inevitablemente en el prejuicio. Por otro lado, se ha producido – ¿por causas ideológicas?, me pregunto yo- una identificación entre jerarquía e Iglesia, entre obispos y realidad eclesial que olvida la experiencia cristiana propia de tantas comunidades cristianas comprometidas con la sociedad y con el crecimiento humano-espiritual de sus miembros. Este punto, en concreto, merece una especial preocupación y una solución urgente, aunque no dispongamos de los medios más eficaces para hacer frente al problema.

Avisaba también el ponente de un problema que atañe al fenómeno de la información en general: se engullen de un modo voraz titulares, pero no se reflexionan las noticias, no se hace el esfuerzo de dar un sentido a lo que ocurre, no surge una reflexión pausada de los eventos que conduzca a un posicionamiento sereno en el mundo y la sociedad en la que vivimos. Este virus de la información afecta de un modo particular a la religiosa. Hay que estar atentos.

Esta última apreciación me ha empujado a hacer memoria agradecida de esta humilde revista cibernética. Cuando Nacho comenzó a darle vueltas a la idea de hacerse-hacernos presentes en internet y dio los primeros pasos para la creación de la página, ésta surgió como una revista virtual que publicaba sus contenidos cada quince días. Con el tiempo, la página fue adquiriendo dinamismo y la información (y reflexión) se actualizaba con mayor asiduidad. De esta manera se consiguió, por así decirlo, “estar al día”, generar un instrumento informativo que, con mayor o menor alcance, ha ido cumpliendo su cometido.

Enacciondigital surgió como un intento de sumar la perspectiva cristiana sobre la realidad actual al ingente caudal informativo-reflexivo de la red virtual. El éxito de la página no radica en el número de usuarios que la visitan, sino en su espíritu. Quienes aquí escribimos no somos “lumbreras”. Somos gente corriente: unos casados, otros solteros, otros curas… Escribimos lo que vivimos y pensamos, lo que reflexionamos en clave de fe sobre aquellas cuestiones que nos afectan. Cultivar este espíritu de reflexión y esforzarnos por dotar de sentido cristiano a los acontecimientos no es un intento ingenuo. Es, de alguna manera, una misión. Nuestra misión.

La hija de Maciel

Marcial_Maciel.jpgEn los últimos días, las noticias eclesiales que aparecen en los medios vienen salpicadas de cierta polémica. La excomunión levantada por el papa a los lefevrianos, la negación del holocausto nazi por uno de sus sacerdotes, el caso de la joven italiana Eluana, la recién aparecida hija de Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo… A excepción de las noticias relativas a Eluana, el resto llaman al escándalo y la preocupación. Esto me ha hecho reflexionar sobre la transparencia y la honestidad, valores quizá en desuso en la industria de la comunicación, pero necesarios.

Quizá el problema de los medios de comunicación es que se han convertido precisamente en una industria espoleada por los sutiles mecanismos del sistema capitalista, despojada de escrúpulos morales y sin ánimo de informar, sino de interpretar desde una perspectiva hinchada de prejuicios y quién sabe si de oscuros intereses. O quizá no.

Por poner un ejemplo. El caso de la hija de Maciel. De todos es sabido que el fundador de los legionarios no era un santo, en el sentido común de la palabra. La invitación que el papa le hizo hace unos años a retirarse de la vida pública y dedicar su tiempo a la oración y la penitencia corroboró los rumores que apuntaban que su historia estaba trabada de acontecimientos poco loables. Es así. La “condena” del papa, como definieron semejante invitación la mayoría de los medios, no fue tal. Se trató de una admonición pública que, dada la relevancia social de Maciel, se juzgó necesaria. El escándalo que esta noticia podía provocar era, en cierto modo, previsible.

Sin embargo, ahora vuelve a generar escándalo el que los mismos legionarios reconozcan la existencia de una hija secreta de Maciel. No es para tanto. No es un notición, aunque hayan querido vendérnoslo como tal. Lo que es noticia, a mi parecer, es que los legionarios asuman que la raíz de su institución no está sana. Y que a pesar de ello, reconozcan la obra de su fundador como una inspiración del Espíritu, una “provocación” del Espíritu que suscita dones y carismas para la Iglesia y el mundo. Este paso es lo que verdaderamente es noticia. Ese es precisamente el notición.

Las cosas se ven como se quieran ver. Es cuestión de óptica.

Manuel Domingo y Sol: apóstol de las vocaciones
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Hoy se celebra en la Iglesia la fiesta del beato Manuel Domingo y Sol. Para los que nos consideramos sus “hijos” se trata de una jornada especial en la que hacemos memoria de su vida y su ministerio; los cuales, a pesar de la distancia temporal que nos separa (cien años, ya), continúan ejerciendo una tremenda fascinación sobre nosotros.

En la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, la obra que el beato legó a la Iglesia, le llamamos don Manuel. Es una forma cariñosa de referirnos a él, familiar, que nos lo acerca más, lo hace más nuestro, más presente, más vivo. El domingo pasado hizo cien años exactos de muerte. Celebramos íntimamente –con nuestro Dios ante la Eucaristía- su paso de este mundo al Padre.

Don Manuel fue un cura normal, sensato, trabajador, apostólico. No hubo ningún campo de acción que se librase de su atención. Fue cura de pueblo, cura de monjas, cura de jóvenes, cura de obreros… y finalmente, cura de curas. Fundó la Hermandad, un puñado de curas seculares que se unieron para formar a los futuros sacerdotes. Don Manuel comprendió que un clero bueno era la llave de la cosecha. En la empresa de formar buenos sacerdotes empeñó, junto con sus operarios, los últimos años de su ministerio.

Nos ha legado a la Iglesia dos intereses fundamentales: la promoción de vocaciones sacerdotales y un estilo de vivir el ministerio sacerdotal peculiar: en equipo, experimentando una fraternidad sacerdotal que está llamada a ser signo del amor de Dios. Ojalá sepamos hacer nuestros estos intereses y empeñar nuestras fuerzas en mantenerlos en nuestra Iglesia.

Año nuevo...

En el penúltimo post hice propósito firme de escribir con mayor asiduidad en esta página virtual. Como los propósitos buenos de año nuevo, mi intención se quedó simplemente en eso, en intención. Ahora, con el mes de enero ya avanzado y la nieve madrileña adornando el fin de semana, retomo la pluma digital para escribir, o más bien suscribir, algo.

Ese algo hoy se llama Roma. Porque es la ciudad donde me encuentro. Hoy, mañana, y parece que los próximos meses. Llegué anteayer en la noche en un vuelo que partió con retraso desde Madrid. Ya he deshecho la maleta y me he instalado en una habitación que he de ir haciendo mía. Fueron a recogerme al aeropuerto un par de amigos que, antes de llevarme a casa, me dieron un paseo en coche por la ciudad eterna. Desde la ventana admiré cúpula de san Pedro iluminada. Paramos frente a la plaza un momento y proseguimos el viaje para descansar.

El mundo sigue girando sin cesar. La franja de Gaza al rojo vivo y la nieve inundando el suelo español. Los narcotraficantes decapitando civiles en México y Nadal ganando su primer torneo del año en dobles. Son noticias, algunas escalofriantes aunque previsibles, que se anudan con las noticias íntimas. Aquellas que pasan desapercibidas, pero que reflejan la historia propia de cada cual. En ese nudo particular se fragua la visión particular de las cosas, de la vida. Espero poder ir mostrándolo también en este nuevo año, con mayor o menor asiduidad.

6 de diciembre: a constituirse
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Me gusta la fiesta de la Constitución, para qué voy a negarlo. Me gusta desde pequeño, cuando los puentes se esperaban con un entusiasmo estratosférico. Si Pérez Galdós levantase la pluma, le dedicaría varias páginas a este episodio nacional que, año tras año, nos recuerda que el marco dado se revela a la larga estéril, inhóspito, si no acoge una respuesta esforzada y constituyente. No me mola por los fastos, ni por los discursos de la bajada de los
Jerónimos, sino por los valores que encierra sin aprisionarlos, expectante ante la posibilidad de hacerlos vida una y otra vez.

En México celebraban cada 15 de septiembre algo parecido a nuestra fiesta constitucional. Allí, el motivo del recuerdo festivo era la independencia; aquí, por el contrario, la dependencia. Dependencia, sí, porque la Carta Magna evidencia prístinamente que no es posible convivir sin un acuerdo previo del que todos dependemos. Sobre esta dependencia emerge la posibilidad de la justicia, de la solidaridad, del amor fraterno.

Ciertamente, el documento que sostiene el edificio político de este país, ni el de ningún otro, define lo absoluto o lo definitivo. El significado de estos términos anida en un orden de realidad que se nos escapa de las manos y del conocimiento. Lo absoluto y lo definitivo siempre se escriben con mayúscula, pero eso es harina de otro costal. Pero nos sirve para convivir, y en último término, para vivir.

El caso es que el hecho de la dependencia, sea de la constitución en el orden civil-social, sea de Dios en el orden personal-existencial, está. Eso es: está. Sin adjetivos ni matices, simplemente estando. Como una verdad desnuda acerca de nuestra humanidad. Sólo somos en la medida en que nuestra vida se religa a algo o alguien. Una verdad como un templo. Debería decirlo la Constitución.

Adviento

Tras un mes de silencio, vuelvo a la palestra del ciberespacio. Durante este tiempo, diversas ocupaciones me han distraído de la obligación de escribir en este blog. En un mundo que gira a contrarreloj, deshojando las horas y los minutos con una celeridad implacable, resulta meritorio ser fiel a los compromisos asumidos. Yo firmé hace tiempo un contrato con la garantía que da la palabra amistosa y no quiero violarlo, aunque a veces me demore en cumplirlo.

Muchas cosas han sucedido en la vida social y eclesial en el último mes. Acontecimientos que bien merecían ser reseñados y comentados. Entre ellos, aunque su periodicidad inequívoca parezca restarle importancia, la llegada del Adviento, tiempo de esperanza, preludio de la Navidad, del nacimiento de Dios en la vida humana.

El Adviento me recuerda que en el vértigo y el fragor de la existencia se prepara a nacer un niño. Un hombre-Dios que no pronuncia palabras vacías, sino palabras de verdad y de vida. Es preciso aguzar la mirada para columbrar los signos de su presencia en un mundo que sufre la injusticia y, lo peor de todo, la resignación.  En el asesinato de lgnacio Uria, en los tres millones de parados, en la olvidada guerra del Congo… Allí nace Dios. Espero verle.

Día de difuntos
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Ayer celebrábamos el día de todos los santos. Los de la tierra y los del cielo. Siempre creí que esta era un premio de consolación para aquellos santos anónimos que no ocupan un lugar en el calendario litúrgico. Mientras estudiaba teología, descubrí que en realidad esta era un fiesta profundamente terrena. "Sed santos, como yo soy santo". Los cristianos somos santos, porque así lo ha querido el Padre. La santidad no es una meta de carácter ético o moral, sino una cualidad aneja a nuestra condición de hijos de Dios.
Hoy celebramos la fiesta de todos los difuntos. Recordamos a aquellos que ya gozan de la presencia inmediata de Dios. Es un día para la memoria de los seres queridos que ya dejaron este mundo. La muerte es una realidad connatural a la existencia humana. Es un fenómeno absolutamente humano, que nos espera tarde o temprano. Ante ella, la actitud que se propone al cristiano es la esperanza.
También ser-muerto es una situación terrena. Esta muerto en vida es una posibilidad amenazante que cada día cobra más fuerza. Muchos experimentan su existencia como una lenta agonía. No solamente en una clave espiritual, como ausencia de sentido -y lejanía de Dios-, sino también, escandalosamente, en clave material, real, actual. Muchos hombres y mujeres padecen los estragos de la injusticia. Mueren de hambre, de soledad, asesinados, maltratados. Son difuntos contemporáneos a los que la muerte asalta sin aviso previo, a los que la muerte roba el don preciado de la vida y la posibilidad de encontrar sentido.
Esta fiesta no es sólo un memorial de aquellos que pasaron haciendo el bien en nuestra vida. También es la fiesta de la esperanza en una humanidad nueva, entretejida por relaciones humanas, saludables, condicionada por la justicia y la paz.
Ayer colgaba un post sobre la situación que actualmente se está viviendo en el Congo. De nuevo, la muerte y la destrucción. Aquellos que mueren sin saberlo son dignos de nuestro recuerdo. Que no se nos olvide(n), hoy ni nunca, al acercarnos a la Mesa.
¿A quién beneficia la nueva guerra en el Congo?
Reproduzco a continuación el contenido de un mail que me acaban de enviar:

A QUIÉN BENEFICIA LA NUEVA GUERRA EN EL CONGO?

 

Dos años después de celebradas unas elecciones libres, democráticas y trasparentes en la República Democrática del Congo (RDC), el pueblo congoleño de las provincias del este del país, Kivu-Norte y Kivu-Sur, sigue viviendo una pesadilla de violencia, inseguridad y violación permanente de los Derechos Humanos. Los asesinatos, violaciones, saqueos, batallas, huída de la población, resurgen de nuevo y se multiplican, alejándose así toda esperanza de restauración de la paz, condición necesaria para comenzar a mejorar las condiciones de vida de una población sumida por décadas en la pobreza y la inseguridad.

 

El artífice de tanto sufrimiento es Laurent Nkunda, tutsi congoleño, dirigente de la guerrilla que asola esta zona de la RDC. Nkunda y sus hombres están apoyados claramente por el gobierno de Ruanda que, a su vez sirve los intereses de grandes potencias del Norte (Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Holanda).

 

Pero ¿por qué se interesan estas grandes potencias por el este de la RDC? La respuesta es evidente: En esa zona existen importantes minas de coltán, casiterita, diamantes, wolframita…, minerales que salen del país en camiones y helicópteros, vía Ruanda, y terminan en las manos de las multinacionales de occidente.

 

En estos últimos días la situación se ha agravado. Dos batallones ruandeses han penetrado en territorio congoleño. El lunes, 26 de octubre, un numeroso contingente del ejército ruandés atacó la base congoleña de Rumangabo quedando a las puertas de Goma, capital del Kivu-Norte; se teme una gran ofensiva bélica ruandesa, con devastadoras consecuencias para la población. La preparación de esta acción de Ruanda fue denunciada la semana anterior en la ONU por el presidente congoleño, Joseph Kabila, quien se reunió también con la Asociación de países del Cono Sur africano (SADC). Estos le prometieron ayuda en caso de una invasión de Ruanda.

 

Lo que hasta hace poco era sólo una sospecha o parecían hechos aislados, ha ido tomando cuerpo gracias a las numerosas denuncias de la sociedad civil: la MONUC, (Misión de la Organización de Naciones Unidas), con 17.000 cascos azules en la región, no está cumpliendo con los objetivos de su misión de paz y de protección a la población. Fuentes fidedignas sobre el terreno acusan a estas “fuerzas de paz” de trasladar soldados ruandeses en sus helicópteros, entregarles uniformes de la MONUC, permitir el paso de la frontera a militares ruandeses y trasladarlos a los lugares donde están las guerrillas de Nkunda; les acusan, de permanecer inactivos cuando atacan las guerrillas, de no dar su apoyo al ejército gubernamental cuando éste más lo necesita… Ante todo esto se comprende que la población se haya manifestado estos últimos días contra las fuerzas de la MONUC acusándolas de apoyar al enemigo y pidiéndoles que se marchen de la RDC. La misma Colette Braeckman, en un artículo aparecido el martes, 28 en “le soir.be”, escribe: “¿Para qué sirve esta misión que absorbe mil millones de dólares al año? Dos batallones suplementarios ¿mejorarían las cosas? ¿No habría que ir pensando, urgentemente, en un relevo de la MONUC por una fuerza europea de disuasión o, por lo menos, una fuerza policial compuesta por observadores neutrales y creíbles?...”

 

Esta situación no ha sido ajena a la reciente dimisión del Jefe de la MONUC, Gral. Vicente Díaz de Villegas y Herrerías, después de apenas dos meses en su cargo. Si bien el Gral. Villegas alegó motivos personales parecen cada vez más verosímiles las sospechas que relacionan esta dimisión con la incapacidad o falta de voluntad política de la MONUC para cumplir su mandato originario en el Kivu.

 

Deberíamos preguntarnos cómo es posible que esta Misión de Naciones Unidas, que pagamos entre todos, esté actuando siguiendo las directrices del todavía presidente de los EEUU. ¿No tendremos que arrepentirnos –demasiado tarde- de haber permitido esta nueva guerra de agresión y saqueo? Sin embargo, la prensa occidental se limita a informar de la crisis humanitaria silenciando el nombre y los motivos de los verdaderos agresores. Los políticos y la ONU expresan su “gran preocupación por el aumento de la violencia en el Este de la RDC” y luego miran hacia otro lado… seguramente hacia los tablones de la Bolsa o los Bancos en apuros. Lo que les ocurra al más de un millón de refugiados que ya se agolpan sin medios para sobrevivir les parece “lamentable”, pero siguen apoyando o no ponen obstáculos a Ruanda en su afán por anexionarse esa riquísima zona del Congo.

 

¿Qué le está pasando a la Comunidad Internacional? ¿Cuántos muertos más serán necesarios para que actúe?


Federación de Comités de Solidaridad con África Negra

29 de octubre 2008

Cambio de hora
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Han cambiado la hora y los relojes nos regalan minutos preciosos de sueño. Por una suerte de resistencia inconsciente a dejarme querer por los dones inesperados, me despierto antes de tiempo. Aprovecho estos preciosos minutos para escribir este post, antes que las obligaciones dominicales emerjan a medida que la luz del día vaya tomando cuerpo.
Dicen los expertos que nuestro cuerpo tarda días en cambiar el reloj biológico, en adaptarse al horario de invierno. El cuerpo es sabio. Esta lentitud adaptativa tiene su razón de ser. Lo mismo sucede con el evangelio. Adaptarse a sus tiempos conlleva cambios. En nuestro cuerpo y en nuestro espíritu.
El evangelio de hoy nos describe los dos grandes anhelos del alma humana. Amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos. Nuestro corazón no descansa hasta que alcanza reposo en Dios. Si no lo encuentra, construye otros dioses en los que posar su agitación. Nuestra tendencia natural consiste también en buscar el abrazo del otro, en ir al encuentro de los demás, con rostros, nombres y apellidos.
En el cristianismo, Dios sale a nuestro encuentro, y si observamos con detenimiento la realidad, también los otros. Tantas personas que, aquejadas por su existencia -y esto es lo grave- se nos aparecen en el camino y nos provocan a dar una respuesta. De amor, casi siempre.
Este sábado han cambiado la hora, y aunque los ritmos del mundo y de nuestro cuerpo se vean aparentemente afectados, los ritmos de Dios y los hombres mantienen su cadencia. El mandato es el mismo hoy, ayer y siempre. Manos a la obra.
20 segundos
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Veinte segundos. Es lo que dedicaron en un noticiero al mediodía para dar a conocer una noticia destinada a ocupar páginas interiores en los periódicos. Cáritas de España ha dado a conocer el siguiente dato: la demanda de ayuda ha aumentado en el primer semestre de 2008 en un 40% respecto al mismo periodo del año pasado. Un dato, sin duda, alarmante.

Este dato refleja que la sociedad española se está resintiendo gravemente a causa de la crisis económica. Ahí está el meollo, lo grave, que la crisis económica es en realidad una crisis social, una crisis de las relaciones, una crisis personal. Y las crisis personales nunca tienen precedentes.

Las cifras no conmueven, pero los dramas personales sí. Cuando el índice de bienestar baja no pasa nada, pero sí cuando las personas pasan necesidad. Dicen los especialistas que aún no ha llegado lo peor –en clave económica, se entiende-.

Algunos pensadores señalan que esta crisis puede traer efectos positivos. En general, se admite que el ataque al confort desencadena en una pregunta por el sentido de la propia vida, interrogante más o menos profundo o sentido. No sé si está bien que esta pregunta surja en la desgracia. Parece que siempre ha sido así.

Mientras tanto, gente, personas con nombres y apellidos, rostros diferenciados, sufren. Pero sólo llenan veinte segundos del escaparate televisivo. Veinte segundos.

Domund

domund2006.gifEn octubre es el mes del DOMUND. Siempre. Pegatinas que se adhieren a la solapa para extraviarse al cabo de unas horas. Como las pegatinas, el Domund, los pensamientos que nos trasladan a lugares lejanos y cuestionan nuestra realidad inmediata, se despegan, se caen.

Pasa siempre –lo digo con cierto pesimismo-. Cada vez que ocurre una catástrofe natural, nos solidarizamos de inmediato. Pero pronto se nos olvida. Las víctimas forman parte de un subconsciente colectivo construido a fuerza de olvidar. Lo que queremos.

El Domund nos trae olor a tierra mojada, de otros lugares, sí, pero no de otros tiempos. La tierra siempre espera la misma lluvia, sin distinción. El mal, en este caso. Hecho de angustia e injusticia.

El Domund nos recuerda la misión. De hoy, de ayer, de allí, de acá. A Jesús. Que le necesitamos. Que le necesito.

Perdonen la narrativa poética. Es tarde. Para quien me escuche.

De vuelta
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Al fin en casa. He de pedir disculpas por este tiempo de silencio en el blog, pero tengo una buena excusa. El vuelo, la visita a la familia, la instalación en Majadahonda, mi nuevo hogar, los inicios de la programación… Todo ello me ha ocupado el tiempo y el interés en estos días.

Estoy de nuevo en España, aunque esta vez para quedarme. Por mucho tiempo. Por algún tiempo, quién sabe. Estoy en casa. No entiendo de nacionalismos ni ideologías similares, pero tengo la sensación extrañamente extraordinaria de estar en casa. Ser ciudadano del mundo es un slogan atrayente, pero nadie es ciudadano del mundo. Un lenguaje, un modo de captar e interpretar la realidad, un universo de relaciones… Eso nos hace de un sitio, nos ubica en un espacio único del que difícilmente podemos desinstalarnos, aunque a veces los kilómetros se esfuercen por extirparnos de esta matriz casi nunca inhóspita.

En estos días me estoy dando cuenta de que soy de aquí. Es lo que vengo rumiando. Aquí está el origen de todo lo que deviene. En mi vida, claro. La crisis económica, los goles de la selección y el premio Planeta para Savater. Trivial o trascendente, pero es lo que hay aquí. Y más cosas.

Otro día os cuento más. De momento, a devenir. Aquí.

El Zócalo

zocalo2.jpgAyer fui al Zócalo por última vez. Me apeé en la estación de metro de Bellas Artes y caminé un rato por el parque de la Alameda. Crucé el Eje Centrar, donde hasta hace unos meses los vendedores ambulantes exponían sus mercancías, y me adentré en la calle Madero. Entré en los templos de San Felipe Neri y de San Francisco.

He querido ir al Zócalo a despedirme de él. Junto a la Basílica de Guadalupe es probablemente el lugar más emblemático de esta ciudad. En la explanada deambulaba una marea de peatones. Junto a la catedral un grupo de hombres y mujeres realizaban danzas prehispánicas. En la entrada del Palacio Nacional varios militares exigían a los turistas que mostrasen una documentación oficial antes de entrar. Las piedras volcánicas que conforman los edificios seguían conviviendo en pacífica rutina con el aliento de muchos hombres y mujeres que, movidos por distintos intereses, formaban parte de esta escena de tarde sabatina.

Faltaban los manifestantes que, día tras día, se manifiestan en el Zócalo exigiendo justicia. Se ve que esta sólo se reclama entre semana. El Zócalo alberga celebraciones patrias, pero también concentraciones y manifestaciones. Allí vienen a concluir las quejas de medio México. Quizá por eso, y no sólo porque a su lado descansan los restos del Templo Mayor, epicentro de la civilización azteca, aquello es un lugar sagrado.

El Zócalo. Cuando vine a México, tardé en venir a visitarlo. Ahora que me marcho, también es de lo último que hago. No importa. Ahí sigue. Cada vez que vuelva a México, con el cuerpo o con el corazón, he de volver a pisar su suelo inclinado. Porque, en realidad, allí vive México.

El milagro de Fernando Alonso
fernando-alonso.jpgSe obró el milagro: Fernando Alonso de nuevo en lo más alto del podio. El sábado declaraba que sólo un milagro podría acercarle a los primeros puestos de carrera. Bien, bien, bien. A la hinchada española nos hacía falta un regalo así.
No pude ver la carrera. Me gusta la fórmula 1, pero siempre que veo algún Gran Premio un debate interno me reconcome. Por un lado, el espectáculo del motor, que es deslumbrante. El ruido, la velocidad, la pericia del piloto... Por otro, el lujo desproporcionado, el derroche y el glamour característicos de estos eventos. Sucede lo mismo con el fútbol. Un deporte colectivo, escuela de compañerismo, convertido en un negocio de beneficios estratosféricos. Los aficionados asistimos a uno y otro espectáculo como si nada, indiferentes a la trama económica que se urde en las entrañas de ambos deportes.
La comercialización de la vida es un fenómeno irreversible. Me cuesta afirmarlo, pero creo que es así. Todo se compra y se vende. Un virus monetario se cuela en todas las esferas de nuestra vida.
Recomiendo un libro extraordinario, de Zigmunt Bauman, titulado Vida de Consumo. Lo edita Fondo de Cultura Económica. Supongo que se podrá encontrar en cualquier librería española. Bauman habla de la modernidad líquida, donde todos los ámbitos de la vida se ven afectados por el modelo consumista.
Evidentemente, este planteamiento de la existencia diverge con el estilo de vida cristiano. Sin embargo, el virus está ahí: se cuela subrepticiamente en la conciencia, conviviendo pacíficamente con nuestros valores. Creo que era Freud quien hablaba de las patologías de lo cristiano. Me da igual quien fuese, el caso es que es cierto. Esta conjunción de elementos incompatibles nos aboca a una contradicción interna. ¿Qué hacer en esta situación? Francamente, no lo sé. En principio, cultivar actitudes que nos empujen a una "desmonetización" de la existencia. Esforzarse por apartar de nuestra percepción este criterio valorativo de la existencia. Y, por supuesto, amar y ser misericordiosos. Ahí vamos.
Cristianismo: ¿experiencia ética o de salvación?
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Esto de escribir un blog es medio frustrante. Uno espera que lean sus escritos con asiduidad. Desconozco el número de lectores que se han paseado por estas páginas desde su nacimiento... A juzgar por los comentarios (cero hasta hace un momento), pocos. Paciencia, el blog sólo tiene seis días de existencia.
Mis ojos no daban crédito cuando se han percatado de que había un comentario a una de las entradas. Me he apresurado a leerlo. Era Juan, un viejo amigo pucelano. Bueno, para eso están los amigos, pensé...
Me he quedado sopesando lo que Juan decía. La entrada que comentaba era justamente la anterior a esta, que exponía algunas consideraciones sobre los ecos que el nombramiento de Carlos Dívar como presidente del Tribunal Constitucional había ntenido en los medios de comunicación. Concluía que, aunque las suspicacias creadas en torno a su nombramiento debido a su condición creyente eran infundadas, lo cierto es que semejante sospecha no es del todo desatinada. Precisamente por lo que Juan señala. Porque muchas veces el cristianismo, lejos de aparecer como una propuesta de salvación hecha vida y carne, se muestra como discurso ético. De ahí a la ideología hay un paso.
Estoy de acuerdo contigo, Juan. A veces, las formas de presentar el mensaje contradicen al contenido. Y es cierto que a veces a los cristianos de a pie nos toca pagar la factura. Poco a poco me he ido convenciendo de que de nada sirve quejarse contra aquello que no está en nuestras manos modificar. Lo único que podemos -y debemos hacer- es sencillamente vivir en cristiano, esforzándonos por implementar las actitudes de misericordia y acogida incondicional que Jesús nos ha enseñado.
El problema surge cuando los cristianos nos enzarzamos, nos vemos involucrados en la polémica agria, reforzando la impresión que mucha gente tiene de nosotros como sectarios o fundamentalistas. Ahí si que debemos optar, y nadie puede hacerlo por nosotros: o mostrar el cristianismo como discurso impositivo o como experiencia salvífica. Yo me apunto a lo segundo.
Carlos Dívar, presidente del TS y del CGPJ
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Ha causado notable revuelo y lógica sorpresa el nombramiento como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial del magistrado Carlos Dívar. La prensa escrita y los medios radiofónicos no han pasado por alto su condición de católico practicante, generando las más diversas opiniones al respecto.
Desde México suelo estar al tanto de lo que ocurre en España gracias a una prodigiosa aplicación cibernética de la que ya no puedo prescindir: los podcast. Las emisoras de radio más conocidas "cuelgan" sus programas en internet, de tal forma que a pocas horas de su emisión en las ondas el usuario ya puede descargárselos. Un gran avance, sin duda, en la divulgación y la transmisión del conocimiento.
La otra noche estuve escuchando los comentarios que los contertulios de un programa nocturno compartían acerca del nombramiento del señor Carlos Dívar. Paulatinamente, las apreciaciones sobre su valía profesional fueron recayendo sobre sus convicciones religiosas. El temor sobre la influencia que dichas convicciones podrían ejercer sobre sus decisiones judiciales se puso sobre la mesa. Más adelante, el debate prosiguió en torno a la causa de dicho miedo, que finalmente se reveló como inexistente para la mayoría de los comentaristas. Como era de esperar, otros medios han denunciado que se ponga en duda la valía del señor Dívar para el la preseidencia del Tribunal Constitucional ateniéndose al hecho de que el mencionado tenga tales o cuales creencias religiosas.
Obviamente, comparto esta última consideración. Pero más allá de la puntualidad del acontecimiento, me preocupa que espontáneamente surja una sombra de sospecha sobre lo católico, que al parecer de un sector considerable de la opinión pública, aparece como sinónimo de dogmático o sectario. ¿Es realmente esto así? ¿Sómos los católicos sectarios, fundamentalistas? ¿No sabemos convivir con otros que piensan y enfocan su vida desde planteamientos diferentes a los nuestros?
Creo no equivocarme si contesto sin vacilación a estos interrogantes que no. El cristianismo entraña en su esencia un componente fundamental de hospitalidad, una acogida fundamental del otro que se fundamenta en la misericordia divina humanizada. El problema, la ilusión, el vacío y la desolación del otro es piedra de toque que cualifica mi condición cristiana. Yo no sé vivir cristianamente sin el prójimo, que es también -y sobre todo, y ahí radica la novedad profunda del cristianismo- aquél que piensa, siente y vive de un modo diferente a mí. Es esencialmente imposible vivir como cristiano sin convivir pacíficamente con la diferencia.
¿Significa esto que el cristianismo ha de prescindir de su propuesta ética? En absoluto. Significa que el cristianismo es fundamentalmente una experiencia, no un discurso. Y que sólo en la medida que sea observado como lo que es, una experiencia de amor y justicia y no un discurso ético (que termina siendo ideológico), el miedo a su "influencia" se irá diluyendo. Ante eventos como este, a los cristianos nos toca responder con la misericordia, no con la apologética. Menuda responsabilidad.

Jesús. Aproximación histórica
libro_pagola.jpgAcabo de leer en un medio electrónico que ya está a la venta la edición corregida del libro Jesús. Aproximación histórica, del sacerdote J. A. Pagola. Supongo que cualquier lector de este blog estará al tanto de la polémica surgida tras la emisión de una nota admonitoria por parte de la Conferencia Episcopal española en la que advertía de ciertas deficiencias doctrinales en la presentación que de la figura de Jesús se hacía en la obra. La controversia me causa regocijo, porque sin duda a ayudado a dar conocer un trabajo que, sin duda, está motivado por un amor confeso a la persona de Cristo y un ardiente deseo no solamente de darla a conocer, sino también de hacerla comprensible y significativa para los hombres y mujeres de hoy.
He leído el libro con paciencia  y gozo. Con paciencia porque mis ocupaciones no me han permitido devorarlo de un tirón, así que sólo en tiempos sueltos he podido ir avanzando en su lectura. Con gozo porque  porque presenta una imagen de Jesús escandalosamente atractiva: profeta del reino de la misericordia, pedagogo ejemplar, coherente sin límites, sanador, liberador, amante... Y porque, además, está bien escrito.
Pagola no dice nada nuevo sobre Jesús, pero lo cuenta con pasión y convencimiento. Se limita a reproducir desde una óptica creyente lo que los investigadores modernos sobre Jesús citan de un modo aséptico, aconfesional. Por eso me sorprende que se le haya llegado a tildar de "hereje". El Jesús histórico, aquél que puede ser conocido a través de la ciencia histórica, deja de ser un monumento del pasado en el libro de Pagola para convertirse en una propuesta de humanización para el hombre de hoy. ¿No es fantástico?
Quienes se quejan de que obvia datos fundamentales de la cristología dogmática olvidan que se trata de una obra de divulgación, no científica, sino "romántica". El problema del lenguaje de la teología no tiene cabida en la valoración de estas paginas, porque aunque en ellas lata una preocupación por convertir en relevante la persona de Jesús más allá de los estrechos límites del catolicismo practicante, no pretende convencer acerca de las verdades de la fe, sino que su intención es sencillamente conmover, hacer ver al hombre de hoy que el mensaje de Jesús conserva toda su validez y fuerza transformadora.


Bienvenido/a a este blog

Abarrotes_Fanny_150.jpgEstimado amigo/a:
Bienvenido/a a este blog que hoy, lunes 22 de septiembre, acaba de ver la luz. Espero que tu paseo por él te resulte agradable y provechoso.
Quizá te estés preguntando la razón de este título: abarrotes JF. Antes de que busques la palabrita en el diccionario, permíteme que sea yo mismo quien te de la definición. Abarrotes significa comestibles. En México, donde vivo desde hace dos años, se llama tienda de abarrotes o miscelánea al súper del barrio. Se trata de pequeños negocios familiares donde es posible encontrar de todo, desde chucherías hasta comida para el perro. JF son las iniciales de mi nombre: Juan Francisco.
He elegido este título para el blog porque de alguna manera responde a su intención: pretende ser un espacio donde, literalmente, se encuentre de todo. En él iré vertiendo mi opinión sobre diversos temas de actualidad y no tan recientes. Como cristiano, trataré siempre de presentar las diversas cuestiones desde una óptica evangélica.
A medida que vaya insertando entradas, el blog irá tomando forma y adquiriendo identidad. Ójala con tus comentarios contribuyas a semejante empresa.
Acerca de mí, poco puedo decir. Soy joven, cristiano, sacerdote... Ya me irás conociendo con el tiempo.
Un saludo afectuoso,
Juan Fran.

Fiesta y violencia en Morelia

atentado morelia.jpgEste ha sido mi tercer y último grito de la independencia. De nuevo, enturbiado por la violencia, esta vez roja, sanguinolenta. En la plaza Melchor Ocampo de Morelia, Michoacán, miles de mexicanos enarbolaban la alegría propia de la celebración; con esperanza o sin ella: da igual. De pronto el ruido sordo de un estallido se apoderó de la masa. Tres muertos y una cincuentena de heridos.
Desgraciadamente, la masacre no ha sido algo extraordinario. Hace una semana encontraron veinticuatro cadáveres cerca de la Marquesa, un lugar de recreo cercano a la Ciudad de México. Dos meses antes habían encontrado otros siete cadáveres en Yucatán, al sureste del país, muy cerca de la Riviera Maya, donde miles de europeos disfrutan del Caribe y los servicios de las grandes cadenas hoteleras, ajenos a la pobreza, la extorsión y la violencia que moran unos metros más allá de sus flamantes resorts. Mientras tanto, en el noroeste, en Sinaloa, la cuna del narco, se suceden los asesinatos en tropel, sin descanso, como el pan de cada día que un dios perverso nos da.
Hace cerca de tres semanas, hubo manifestaciones en casi todas las ciudades de la república para expresar el rechazo a esta ola incesante de violencia. El Paseo de la Reforma se inundó de manos y camisas blancas. Supongo que los medios españoles se harían eco de ello. Espero. Porque, desgraciadamente, la violencia se ha convertido en una noticia tan habitual que, por eso mismo, corre el riesgo de dejar de serlo.
Lo peor de todo es que nadie le encuentra explicación. Sobre casi todos estos episodios planea la sombra del narcotráfico. Pero no es más que eso, una sombra oscura, difusa, que se extiende por el horizonte dejando una nebulosa de incertidumbre a su paso. Porque todo el mundo sabe que las causas profundas de todo esto radican más allá de lo aparente. La gente sabe que estos sucedidos hunden su raíz en la injusticia, que es la madre de todos los males. Y sabe también que es difícil obtener buenos frutos cuando el tronco del árbol está completamente podrido.
A mí todo esto me provoca cierta desesperanza. Y dolor. Me duele la indiferencia que muestro ante el sufrimiento contenido de las víctimas, la pasiva comodidad en que con tanta frecuencia me instalo. Dentro de un mes ya estaré de nuevo en España, después de este tiempo viviendo en México. Me pregunto si México me ha tocado el corazón, si he logrado atisbar el drama de esta sociedad. Aún no conozco la respuesta a este interrogante, y casi me asusta saberla.
Pero lo que de verdad me asusta es la posibilidad de que esa actitud de indiferencia que de repente me sobresalta me acompañe siempre. ¿Se puede vivir auténticamente sabiendo que muchos seres humanos sufren desconsoladamente? ¿Se puede uno acomodar, aferrarse al sistema injusto que sacrifica toda posibilidad de humanización? ¿Se puede ser humano así?
La violencia y el proyecto de Jesús son absolutamente incompatibles. Pero también lo son la indiferencia y el sueño de Dios. Mientras muchos concluyen entre celebraciones la fiesta de la independencia, en este 16 de septiembre yo pienso estas cosas. No sé si servirá de algo, pero a mí me ayuda a mantener viva la esperanza.