|

Dicen algunos que la palabra paciencia tiene mucho que ver con la ciencia y paz. La verdad es que yo no soy filólogo y no puedo responder a esa pregunta, pero creo que es posible que semejante afirmación no vaya del todo desencaminada. Porque bien pensado, tener paciencia no carece de ciencia, de trabajo, de preparación. Por lo visto no es algo que se improvise de repente –al menos aquellos a los que el temperamento nos gasta alguna que otra mala pasada y debemos hacer evidentes esfuerzos para no saltar a la mínima. Y es que todo nos provoca-, sino que se va asentando en el carácter y la forma de ser de cada uno. Igual que se aprende a madrugar también podemos aprender a tener paciencia y no dejarnos vencer por el cortoplacismo imperante, ni por el afán de ver los frutos de aquello que plantamos con más o menos aciertos. Y es que no debemos de perder de vista que cuando de personas hablamos las ciencias si bien no dejan de serlo carecen del calificativo de exactas.
Por lo tanto no dejemos que se apodere de nosotros la impaciencia. Seamos pacientes y pongamos a nuestra disposición los medios para conseguirlo: tiempo para nosotros; parar, salirnos del círculo vicioso en el que nos metemos por nuestra tendencia a la superactividad –que no hiperactividad, que es una enfermedad. Lo nuestro es sólo una actitud-;encontrar nuestro tiempo para estar con nosotros mismos. Y si alguna decisión nos acucia, siempre podremos disponer, al menos, de un momento para reflexionar.
|