Estamos a punto de regresar en masa a nuestras obligaciones habituales y todavía quedan algunas cosas pendientes para estos días. Teníamos algunos proyectos que se han quedado en eso: proyectos, y nos apresuramos a intentar encajarlos en los escasos días que faltan para regresar a nuestra vida normal.
Todavía no hemos ido a ver a este amigo, al cine a ver esa película de la que hablamos, o tenido tiempo para cenar con aquellos amigos con los que quedamos que hablaríamos para concretar una fecha y que al final ha quedado en eso: ya hablaremos.
Muchas son las cosas que a principios del verano nos proponemos como sucede en otros momentos del año como la Navidad, Año Nuevo... en los que nos proponemos ser mejores –al menos algunos-, perder peso, aprender algún idioma, trabajar menos, estar más tiempo con los hijos o con la pareja. Pero cuando llega la hora de la verdad el tiempo se nos ha echado encima y no ha habido forma de cumplir con nuestras buenas intenciones.
Por eso, en estos últimos días de vacaciones, antes de que la rutina nos devore inexorablemente, tal y como defendemos la mayoría de los que nos consideramos víctimas de lo que la sociedad hace con nosotros sin darnos la más mínima opción –creo que me he pasado-, podemos hacer una pequeña lista de las cosas que nos quedan pendientes y... hacerlas, o al menos intentar hacer la mayoría de ellas.
A veces, los ‘hombres –y mujeres- de buena voluntad’, también incluimos alguna buena acción para con los demás. Confío en que no nos la dejemos en la lista de ‘asuntos pendientes’.
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