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Gotas de tranquilidad

niño en manos.jpgHoy mi corazón pide calma, necesita descansar.

 

El día a día, las prisas, los compromisos, las obligaciones que nosotros mismos nos imponemos hacen que perdamos la tranquilidad y el sosiego necesario para disfrutar de todo lo que nos rodea. Porque si miramos con la debida atención podemos encontrar a nuestro alcance pequeños detalles que den sentido a un simple día más.

 

Hoy mi corazón pide calma, necesita... descansar en tus manos.

Gotas de pena

eluana englaro.jpgHoy llueve en mi corazón. Hoy, a las 20:10 horas, ha nacido a la eternidad. Ha sido llamada a la Casa del Padre después de tres días sin ser alimentada ni tampoco hidratada. Llevaba 17 años en estado vegetativo y por lo visto alguien (ni digo quien, ni me interesa. No es cuestión de juzgar a nadie) ha decidido que le había llegado el momento. Además ha muerto de hambre y de sed, una muerte poco deseable. Alguien ha decidido que le tocaba morir ahora cuando había personas que se habían ofrecido a atenderla si era una cuestión de cansancio de los cuidadores (unas religiosas se habían comprometido a hacerlo de manera desinteresada). Alguien ha decidido que era lo mejor. ¿Lo mejor para quién?

Hoy llueve en mi corazón porque una vez más triunfa la mentalidad de la muerte en vez de la de la vida. Una vez más ha ganado los ‘contras’ a los ‘pros’. Una vez más la desazón ha podido con la esperanza o, simplemente, con la vida tal y como es. Porque si desconocida es la muerte más desconocidos son los caminos de la vida. ¡Qué nos puede sorprender a los creyentes! En el fondo, si tenemos fe, debemos admitir que el plan de Dios no es sólo hacernos sufrir sino que probablemente seamos nosotros los que no entendemos el mensaje que se nos quiere transmitir.

Toda vida tiene sentido y nadie sabe cual es. Puede que sea la forma de nacer, de vivir, de compartir, de sufrir, de mirar, del recuerdo que nos deja a cada uno, de una sola palabra dicha en su momento o de un silencio en el momento oportuno, la forma de pensar, de besar, de sonreír, de querer a los padres, a los hijos, a los amigos, a la pareja, de gritar, de llorar, de enfermar, de resistir o, incluso, de morir. No me cabe la menor duda de que la vida de Eluana Englaro no ha carecido de sentido. Y que toda ella hasta el último suspiro ha tenido un sentido y un sentido que no debe pasar desapercibido para nosotros. Porque a diferencia de lo que piensan aquellos que han decidido que la vida de Eluana no tenía sentido en su estado, con su forma de morir hoy, de hambre y sed provocada, ha despertado las conciencias de muchos que ni siquiera se habían planteado una situación así. Y eso, por sí solo, ya le da un enorme sentido a su vida. Estoy convencido que su muerte tiene el sentido de mostrarnos que a pesar de todo, para los que nos quedamos, nos queda una pregunta, una respuesta, un recuerdo y la esperanza de que a pesar de todo la vida siempre tiene sentido aunque no lo veamos claro. Gracias Eluana.