Inicio Cuenta Buscar
El mejor de los dones

regalo.jpgCuentan que en el origen de los tiempos Dios hizo todo lo que existe. Hizo el sol, las estrellas, los planetas y todo lo que hay en el firmamento. Hizo el mar con los peces y moluscos y todo tipo de seres que viven el él. Hizo la tierra con los valles, llanuras y montañas, con los bosques y praderas, con los ríos y lagunas, y todos los animales que viven en ella. Lo hizo todo y lo hizo bien. Y cuando tenía todo terminado hizo al hombre para que viviera, disfrutara y gobernara toda la creación. Y a ese ser perfecto que debía reinar sobre el paraíso creado decidió concederle un don único. Había muchos dones repartidos por todo lo creado: la belleza en las flores, la ternura en las madres mimando y cuidando de sus crías, la armonía en el canto de los pájaros, y así los distintos dones fueron distribuidos. Pero para la creatura elegida, para la preferida, guardó el más preciado de todos los dones: el don de la felicidad. Y decidió asimismo guardarlo en un lugar al alcance de todos, ya que no todos podrían llegar a lo más alto de las montañas, ni todos podrían bajar a las profundidades de los mares. Por eso decidió ponerlo dentro de cada uno, muy cerquita del corazón.

 Pero inexplicablemente, el hombre, no lo busca allí.

 

 

Si tienes prisa

stop.jpgEs común oír a la gente que nos rodea hablar de estrés, de prisas, de mundo acelerado, de correr. Y al mismo tiempo de que no tenemos tiempo para hacer esto o aquello; de que no llegamos a hacer todo aquello que teníamos intención de hacer; de que nos faltan horas y minutos en el día para hacer frente a todos nuestros retos y obligaciones. Y es cierto que vivimos en una sociedad acelerada que apenas tiene tiempo para nada.

 

Es verdad que el tiempo es un bien escaso, un recurso limitado. Que el tiempo marca plazos y que se escurre entre las rendijas de nuestros días de manera irremediable. El tiempo pasa sin que podamos controlarlo. Es más, sólo podemos medirlo. Por ello pasamos los días queriendo aprovecharlo para hacer cosas. Todas esas cosas que debemos hacer. Y vivimos agobiados...

 

Pasamos los días posponiendo reuniones con los amigos porque no tenemos tiempo. Una y otra vez dejamos de ir a ver a ese familiar al que no vemos hace tiempo porque resulta que ahora, precisamente ahora, tengo poco tiempo. ¿Cuántos libros se quedan pendientes para leer en cuanto tenga algo de tiempo? ¿Cuántas veces no estamos con nuestros hijos porque tenemos mucho trabajo? ¿Cuántas veces no hablamos con nuestra pareja porque ahora no es el momento? ¿Cuántas cosas dejamos de hacer, de esas que verdaderamente nos gustaría hacer, porque no tenemos tiempo? ¿Cuándo tendremos tiempo de pensar en nosotros mismos? ¿Y en Dios? ¿Dónde tenemos nuestra interioridad?

 

Es verdad que no tenemos tiempo pero puede que si apagas el móvil un rato todos los días, y no enciendes la tele, y no enciendes la radio ni pones música. Puede... solamente puede, que tengas tiempo para otras cosas.

 

Dedícate un rato cada día. Puede que, de pronto, te descubras a ti mismo.

 

 

Contraindicaciones: puede que descubras que tienes miedo al silencio. Entonces, piénsalo.

Declaración de intenciones

Hola a todos.

Como todo blog este nace con la idea de ser leído –al menos eso espero-. Pero he de confesar que no albergo grandes expectativas al respecto. Tengo la suficiente experiencia en esto de internet y sus aplicaciones como para ser plenamente consciente de que este blog que ahora nace no cumple con ninguno de los requisitos necesarios para ser un blog de éxito. Mas bien pretendo ir poniendo negro sobre blanco algunas ideas sobre aspectos referentes a la interioridad de la persona, a nuestro ser interior. No me cabe la menor duda de que los verdaderos límites del ser humano no se encuentran en el espacio exterior ni en las profundidades de los mares. Los límites de nuestro ser se encuentran dentro de nosotros mismos.

Por supuesto que no me siento en posesión de la Verdad, pero aspiro humildemente a ensuciar mis pies con el polvo del camino que lleva hacia ella. Esa verdad que nos hace libres. Libres con la libertad de los hijos de Dios.

Nacho.