eAD.- “Los hospitales todavía siguen recibiendo numerosos heridos”, dijo Robin Waudo, responsable del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, en permanente contacto con la Cruz Roja y con la Media Luna Roja nigerianas.
El mandatario no confirmo ninguna de las cifras de muertos y heridos causadas por las violencias de este fin de semana, y que, según fuentes variadas, sumarían unos cuantos centenares.
El padre Gabriel Gowok, secretario de la arquidiócesis de Jos, declaraba a la agencia Misna: “La causa de la violencia en la zona de Jos, al igual que en otras localidades del norte de Nigeria en el pasado, no es la religión sino cuestiones sociales, políticas y económicas”.
El clérigo añadía que “en las regiones del norte, la rivalidad por el control del territorio es mucho mayor que en otras zonas del país”. Y agregaba que, en estos momentos, “se desarrolla una reunión entre representantes cristianos y musulmanes para analizar los acontecimientos de las últimas horas”. En ellas participa activamente el arzobispo católico de Jos, Ignatius Ayau Kaigama.
Independientemente de las decisones políticas, la Cruz Roja, y otras organizaciones locales, tratan de organizar la ayuda a cientos de familias que han huido de la violencia y que poco a poco comienzan a retornar a sus casas: “La tensión sigue siendo alta, pero el ejército restableció la calma anoche”.
La misma fuente argumentaba que los desórdenes y la violencia se han visto favorecidas “por las demasiadas armas que circulan tranquilamente, sin controles ni sanciones”.
Además, en una entrevista a Radio Vaticana, el arzobispo de Abuya, Monseñor John Olorunfemi Onaiyekan, afirmaba: “Lo que está sucediendo es el más clásico de los conflictos entre pastores y agricultores. Pero como los pastores Fulani son musulmanes, y los agricultores generalmente cristianos, la prensa internacional tiende a decir que cristianos y musulmanes se matan mutuamente”.
Para el arzobispo se trata de un problema de hipersimplificación y de falta de profundidad en los análisis. El prelado declaró que “la Iglesia trabaja para facilitar la colaboración y la convivencia pacífica de comunidades cristianas y musulmanas”. Además, tratan de “hacer frente a problemas concretos, en particular de origen económico, político y étnico” que subyacen a la violencia.
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