Para caminantes

La niña del exorcista

“La niña del exorcista” es el título de un artículo buenísimo de Jose Ignacio Munilla publicado hace tiempo en la web www.enticonfio.org. En él, Monseñor bromea sobre la similitud entre la reacción de Regan, la niña víctima de una posesión, a los exorcismos del sacerdote en la película y la reacción de algunos políticos a los pronunciamientos de la Iglesia en la vida real.

Cuando lo leí, me hizo gracia porque creo que la broma tiene algo de verdad y en este artículo me gustaría sacarle un poco de punta al tema. ¿Está la sociedad poseída por el demonio? Aclaro que no me refiero a ninguna persona concreta ni a ningún grupo social determinado, sino a la sociedad en su conjunto, a la que todos pertenecemos. Seguramente, la respuesta a esta pregunta es que no, pero ante determinadas manifestaciones públicas, uno no sabe qué pensar.

Recientemente, hemos observado la reacción de un sector político vasco al nombramiento de Monseñor Munilla como obispo de San Sebastián. La decisión del Santo Padre ha sido cuestionada por las principales fuerzas políticas y lo más triste de todo, por muchos de los presbíteros de la diócesis. Esto me recuerda a la escena de la película en la que el sacerdote abre la puerta de la habitación de Regan y ésta, nada más verlo empieza a proferir gritos, burlas e insultos. Uno se pregunta ¿qué es lo que tanto miedo le da? Y eso que el exorcismo aún no ha empezado.

Gracias a la película de “El exorcista”, todos sabemos lo mucho que odia el demonio los signos religiosos, agua bendita, rosario, cruces… Su única obsesión es que alejen los signos religiosos, que no lo toquen. “¡Quema, quema!” grita el poseso con estremecedores lamentos y súplicas. Reciente es también la desconcertante sentencia de un tribunal europeo de quitar las cruces de las escuelas públicas, como si fueran algo malo, como si mordieran. En España, gracias a cierto sector político, ahora se va a debatir si se han de quitar las cruces de los colegios públicos y concertados. Por cierto, ahora que estamos en Navidad… ¿No tenéis la extraña sensación que están desapareciendo todos los signos que hacen referencia al nacimiento de Jesús? Yo no veo más que muñecos de nieve, papás noeles, árboles y lucecitas de formas abstractas... ¡Queman, queman!

Los exorcismos se basan fundamentalmente en la oración. No puedo olvidar un vídeo de Youtube en el que una manifestación pacífica a favor de la vida en Argentina, es boicoteada por personas pro-aborto. En el video, los pro-vida aparecen simplemente rezando, nada más. Los pro-aborto se acercan a ellos, les insultan, les rompen las pancartas y les escupen en la cara. Empieza el exorcismo y la pequeña Regan sufre convulsiones, hace movimientos violentos y echa espumarajos por la boca.

Uno de los consejos de los exorcistas es no escuchar las palabras que el demonio profiere por boca de los posesos, principalmente porque suelen ser mentiras y sólo buscan hacer daño. Es lamentable como algunos medios de comunicación, manipulan la verdad y publican noticias y titulares sesgados que son sencillamente falsos, especialmente en lo concerniente a la Iglesia Católica: recordemos las reacciones a las manifestaciones del Santo Padre en África respecto al sida, el boicot a la presencia del Papa en La Sapienza, las críticas a los pronunciamientos de monseñor Martínez Camino sobre el aborto, las acusaciones infundadas contra Monseñor Munilla

La verdad es que, a pesar de las apariencias y los espectáculos, la violencia del demonio no tiene nada que hacer contra el poder de la oración y la fe. Al final de la película vemos que, en realidad, el demonio está asustado y todo lo que hace es para intentar minar la fe del sacerdote y los padres de Regan. En el fondo, el demonio sabe que no tiene nada que hacer, la partida ya ha sido perdida y sólo aspira a hacer el mayor daño posible.

Nosotros también debemos tener la confianza que todos estos hechos de persecución y violencia, no tienen ningún futuro, porque todo lo que está ocurriendo y lo que aún queda por suceder, son apariencias que tratan de ocultar la debilidad del demonio que nada puede hacer por la instauración del Reino de Cristo.

No debemos fijarnos en las apariencias, el Reino de Dios no depende del número de fieles que seamos o de la supremacía de la espiritualidad cristiana sobre el agnosticismo, o de la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad; todo esto es superficial y Dios no es superficial. El Reino de Cristo no es de este mundo, porque Cristo reina en nuestros corazones y quizá sea necesario un tiempo de tribulación, para que su amor reine con más ardor y potencia en nosotros. Sólo perderemos la batalla cuando perdamos el ardor del amor a Dios y esto no depende de los políticos, sino de nuestra libertad.

Si el mundo está siendo exorcizado, me pregunto quién exorciza a quién; es decir, ¿son los malos espíritus los exorcizados del mundo o somos nosotros los que estamos siendo extirpados por Dios de un mundo malvado? Supongo que no importa mucho, pero lo que está claro es que una de las tareas de todos los miembros de la Iglesia, es combatir el mal a fuerza de amor. “Pon amor donde no hay amor y hallarás amor” decía San Juan de la Cruz.

Creo que a veces nos cuesta tanto amar que para salvar al mundo, hacemos de todo menos amar. Pues si no podemos amar, recemos para que Dios salve al mundo a través de nosotros, a pesar de nosotros.

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Rubén Machí

lunes, 28 de diciembre de 2009

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