Para caminantes

Contentos porque ha resucitado

“Tenemos que estar contentos porque ha resucitado”. Estas palabras nos dijo el marido de una amiga que falleció recientemente cuando le dimos el pésame en el entierro. Menudo testimonio, yo estuve allí para verlo y tenía que contarlo. Conocemos a este matrimonio católico entregado al Señor y sabemos la gran pérdida que Carmen supone para José; a pesar de todo, José no pensaba en su soledad sino en la gran alegría que su mujer debe estar sintiendo ahora que está en presencia de Dios. Eso es fe como la copa de un pino, a mí que no me digan y un testimonio así, hace que te alegres de haber confiado en Dios, porque es cierto que Dios nos consuela y nos acompaña en los peores momentos de nuestra vida.

Jesús ha vencido a la muerte y si confiamos en Él, también nosotros podemos estar contentos por la resurrección de nuestros difuntos.

La voluntad de Dios se impone en nuestra vida a través de la realidad, por eso debemos aceptar todo lo que nos sucede, bueno y malo, como designio misterioso de Dios. Sin embargo, esta afirmación que tenemos tan clara cuando estamos bien, resulta muy difícil de tragar cuando sufrimos. El sufrimiento es como una negra nube que nos envuelve y no nos deja ver, nos agobia, nos paraliza; sus sofocantes vapores hacen que nos cueste respirar y tengamos miedo a lo desconocido, es decir, a todo. Dentro de esa nube, no vemos las cosas claras, todo nos parecen sombras, voces enigmáticas, tétricos paisajes, presencias amenazantes a nuestras espaldas… Nos volvemos desconfiados, huraños y nos cuesta siquiera dar un paso. Vemos la realidad como una broma pesada, un desafortunado error, algo absurdo, “no me puede estar pasando esto”, decimos. Y entonces culpamos a Dios por permitir algo tan esperpéntico, por el humor tan negro que se ha gastado con nosotros, pues nos vemos dentro de un mal sueño del que no podemos despertar, porque el sueño se trata en realidad, de nuestra patética vida y no podemos huir de esa evidencia.

Si el sufrimiento nos hace tener la sensación de estar perdiendo la partida, la muerte nos hace tener el convencimiento que finalmente, la hemos perdido. Sufrimiento y muerte son dos poderosas armas del diablo, al cual podríamos imaginar en esos momentos de dolor, triunfante y jubiloso por su victoria contra nosotros. Pero todo es falso, todo es parte de esa ficción provocada por la espesa bruma del mal. Y por si a alguien le pudiera caber alguna duda, ahí tenemos esos testimonios de fe con que Dios nos bendice de vez en cuando a lo largo de nuestra vida.

Qué gran consejo el de San Ignacio de Loyola: “En tiempo de tribulación, no hacer mudanza”. Saber esperar, no perder la esperanza, confiar en Dios… Sólo esto ya es un gran logro en los momentos difíciles.

En tiempos de bonanza, pues pedirle a Dios fe, pedir por nuestros hermanos que sufren, agradecer a Dios los testimonios como el de José que nos ayudan a seguir esperanzados en medio de la tristeza, aprovechar esa bonanza al máximo y disfrutarla entregándonos a los demás con alegría.

Estoy convencido que la actitud de José fue una gracia especial que Dios le concedió ese día. Nuestras oraciones son efectivas, ayudan de verdad. Si a alguien que necesita comida no se la podemos negar, a quien necesita nuestra oración, tampoco podemos. Debemos encontrar momentos para la oración cada día para pedir por nosotros y por los demás, para que se alejen de nosotros esas nubes tormentosas. Si Dios es infinitamente poderoso, entonces la oración es para nosotros la fuerza más poderosa del universo a nuestro alcance, porque con ella podemos conseguir que Dios nos conceda lo que necesitamos.

Nos lo dijo Jesús, lo dijeron los santos, nos lo dice la Iglesia y también lo ha dicho la Santa Madre de Dios: “rezad, rezad, rezad”.

+ artículos de esta sección

Rubén Machí

domingo, 20 de diciembre de 2009

Recomienda este artículo Nombre: e-mail: Enviar
         

BUSCAR

SANTORAL

 - Maria de la Cabeza
 - Audomaro
 - Beata Ángela Salawa
 - Pedro Claver
Nombre:
Día: Mes:
  Buscar  
(busquedas sin acento)

EFEMÉRIDES

 - 1585 - Nace Armand Jean du Plessis, Cardenal Richelieu.

LECTURAS

- XXIII del tiempo ordinario
- 1 Co 8, 1b-7. 11-13
- Sal 138, 1-24
-
- Lc 6, 27-38
- L.H: 3ª

Colaboradores  - Publicidad  - Nosotros  - Contacto  - Condiciones Generales