Para caminantes

Cada vez somos menos

El otro día tuvimos consejo de pastoral en mi parroquia para hacer revisión de la marcha de los grupos desde que empezó el curso hasta ahora. Debido a que mi nombramiento como miembro del consejo pastoral es muy reciente, esta era la primera reunión de revisión a la que asisto.

Me llamó la atención un problema común en muchos de los grupos: falta gente, cada vez somos menos, necesitamos colaboración, no hay gente joven, esto se está acabando... Estas frases iban siendo pronunciadas por nosotros a la hora de valorar los grupos de limpieza del templo, el coro parroquial, confirmación...

Tenemos miedo de ser cada vez menos, de que esto se acabe, de que no haya gente joven, etcétera.

Deberíamos preguntarnos si, el hecho de que cada vez seamos menos es consecuencia de una mala gestión o de una coyuntura desfavorable. Éste es el mismo dilema que se debe plantear una empresa cuando comprueba que sus ventas disminuyen. La respuesta a esta pregunta, es fácil contestarla si nos comparamos con los demás: si a todos les pasa lo mismo, es una situación coyuntural de la que no podemos huir; si somos los únicos que vamos mal, ya parece algo interno, exclusivo de nuestra gestión y que podemos solucionar si nos lo proponemos.

La conclusión a la que llegamos en el consejo fue que, aunque siempre podemos hacer cosas por mejorar, no podemos ser ajenos al hecho que hay una crisis espiritual que va desertificando las parroquias.

Si nuestro análisis es correcto, esto quiere decir que poco podemos hacer por solucionar este problema, pues no está en nuestras manos detener un proceso ambiental. Como un esquimal que no puede detener el deshielo de la Antártica, o un indio tribal que no puede detener la deforestación de su bosque, las parroquias observan impotentes las consecuencias de un mundo que poco a poco, va alejándose de Dios.

La siguiente pregunta que deberíamos hacernos es, ¿qué quiere Dios de nosotros? Es evidente que quiere que seamos menos, pero porqué, ¿para que estemos más anchos? Yo lo que creo es que Dios se ha dado cuenta de una cosa: no nos tomamos en serio nuestra santidad. Esto me recuerda al discurso eucarístico de Jesús (Jn 6, 51-69); muchos seguidores suyos se escandalizan por sus palabras y Jesús, lejos de asustarse por perder influencia en la sociedad, les dice con mayor claridad: “quien no coma mi carne y no beba mi sangre, no tendrá vida eterna”. Estas palabras son el colmo y Jesús pierde muchos seguidores, pero en vez de justificar el significado de sus palabras o decir una de esas parábolas que tan buena acogida tiene entre sus oyentes, les dice a los que quedan: “¿también vosotros queréis iros?”. Esta actitud provocadora de Jesús tiene una finalidad bien clara que parece anunciar con sus palabras “algunos de vosotros no creen”.

Jesús no quiere seguidores hipócritas o mediocres, quiere creyentes de verdad. Ha llegado el momento que tomemos una decisión, que nos dejemos de tonterías y excusas. Las parroquias se vacían, cada vez hay menos bodas católicas y más civiles, cada vez hay menos confirmandos, menos niños/as que tomen la Comunión, menos sacerdotes, menos gente dispuesta a acompañar a Jesús, y Él pregunta a los que quedamos: “¿también vosotros queréis iros?” y nosotros debemos darle una respuesta.

Que cada vez seamos menos no debería preocuparnos, también esto le pasó a Jesús; lo que debería hacernos pensar es en cómo estamos viviendo nuestra fe. Si queremos seguir a Jesús, debemos hacer una opción radical por Él y la Iglesia, de lo contrario, más tarde o más pronto, acabaremos siendo uno más de los que se dan por vencidos y abandonan. Todos sabemos lo que Pedro le contestó a Jesús, que es lo mismo que decir, “es que no estamos contigo por que seas famoso o porque entendamos lo que dices, estamos contigo porque Tú llenas nuestro corazón, porque estamos enamorados de ti, porque te necesitamos y contigo estamos mejor que en ningún otro sitio.” Y nosotros, ¿necesitamos a Jesús?¿Estamos enamorados de Él?.

Un novio le dice a su novia: “oye, ¿tú me quieres?”. “Pues claro” – responde la novia. El novio le dice: “entonces ¿por qué no me hablas, por qué no atiendes mis llamadas, por qué no vienes a verme, por qué no me cuentas tus cosas, por qué me ignoras?” – La novia le dice – “sí es verdad, pero tú sabes que te quiero ¿qué más quieres?” – El novio le dice entristecido – “Quiero que me quieras de verdad o esto se acaba. Decídete”.

El amor se alimenta de los detalles del día a día. Si a una hoguera no le vas poniendo ramitas continuamente, al final va menguando y se acaba. Esto es lo que sucede con nuestra fe cuando descuidamos los Sacramentos y la oración.

El ardor de un grupo, depende del ardor de cada uno de los integrantes del grupo, pero especialmente, del ardor de su responsable. Si nuestro grupo está perdiendo ardor, hay que revitalizarlo empezando por uno mismo porque, como decía Jesús, si un ciego guía a otro ciego, al final los dos caerán en la fosa. Alimentémonos del fuego de la Eucaristía, de la presencia de Dios en el Sagrario, de la Oración sincera y de corazón, quitemos con la confesión, la escoria que ahoga las llamas y seamos buenos con los demás.

Si para ser más santos, necesitamos ser menos, bienvenida sea la soledad.

+ artículos de esta sección

Rubén Machí

martes, 01 de diciembre de 2009

Recomienda este artículo Nombre: e-mail: Enviar
         

BUSCAR

SANTORAL

 - Maria de la Cabeza
 - Audomaro
 - Beata Ángela Salawa
 - Pedro Claver
Nombre:
Día: Mes:
  Buscar  
(busquedas sin acento)

EFEMÉRIDES

 - 1585 - Nace Armand Jean du Plessis, Cardenal Richelieu.

LECTURAS

- XXIII del tiempo ordinario
- 1 Co 8, 1b-7. 11-13
- Sal 138, 1-24
-
- Lc 6, 27-38
- L.H: 3ª

Colaboradores  - Publicidad  - Nosotros  - Contacto  - Condiciones Generales