Para caminantes

El medio, justifica los fines

Soy catequista de confirmación en un pueblo muy poco religioso; este año es posible que, si nadie se echa atrás, confirmemos a diez jóvenes en un pueblo de 14.000 habitantes. Esta situación despierta interrogantes en uno: ¿hay algún culpable? ¿faltan medios? ¿es la sociedad? ¿mala suerte? ¿una prueba de Dios?...

No tengo respuesta a estas preguntas, pero sí creo que es un error analizar las situaciones por los frutos o los resultados ya que esto conduce al error de caer en la tentación de la desesperanza o el pesimismo. No es una buena forma de empezar a solucionar un problema preguntarnos “qué he hecho mal”; es mejor que pensemos “qué más puedo hacer”.

A veces te encuentras ante situaciones difíciles que te hacen cuestionar tu lealtad, tu coraje, tu honradez… Como el capitán del barco naufragado que no para de preguntarse en qué ha fallado, mientras sus marineros se ahogan a su alrededor. ¿En qué he fallado? ¡qué pregunta más absurda! ¿acaso no fallamos continuamente? Claro que fallamos ¿y qué? Somos humanos, es parte de nuestra naturaleza. Los resultados no nos hacen mejores ni peores, y Dios no los permite para que nos sintamos bien o mal sino para que aprendamos de ellos. Dios permite que fracasemos para que nos decidamos de una vez, para que dejemos de confiarnos, de dormirnos, de retrasar nuestras decisiones. Un buen capitán de un barco no piensa qué ha hecho mal, piensa “qué puedo hacer ahora”.

Por eso puede suceder a veces que, por mucho que nos esforcemos, el fin de nuestras acciones sea el fracaso, porque así, dicho fin hace que nos fijemos en los medios que son lo verdaderamente importante. Sea cual sea el fin de una iniciativa, da igual si el medio para llevarla a cabo ha sido el correcto, pues el medio es tan importante que puede justificar un final triste si dicho desenlace hace que seamos mejores. Así como la forma de pronunciar las palabras es más importante que las palabras en sí mismas, el medio de llevar a cabo una acción es más importante que el resultado de dicha acción.

Y ¿qué más podemos hacer?. ¡Ah! La pregunta. Uno siempre piensa que ha hecho todo lo posible, que más no se puede. También pensar esto es un error, pues nos lleva a la misma desesperanza de antes; otro callejón sin salida. Que no sepamos qué más hacer, no significa que no se pueda hacer nada más ¡Faltaría más! A veces nuestro orgullo nos impide ver lo evidente: somos pobres pecadores, siervos inútiles.

No solo es que sí se pueden hacer más cosas, muchas más cosas, sino que Dios las va a hacer, él va a conseguir lo que tú no puedes y tú ¿qué vas a hacer? ¿le vas a ayudar o vas a intentar convencerle también a Él de que es imposible?

Yo suelo decir a mis jóvenes de confirmación que el hecho de que no vean a Dios, no significa que Dios no exista. Del mismo modo, podemos decir que, el hecho que no veamos las ayudas de Dios, no significa que no las haya.

Hoy, hablando con Nacho de este tema, me ha propuesto muchas ideas nuevas que se pueden hacer para llegar al corazón de los jóvenes. Todas las personas que nos rodean y nos quieren son ayudas que Dios nos envía ¿las aprovechamos?. Todos los fracasos y sufrimientos que soportamos, son sabiduría más valiosa que el oro o la plata ¿somos conscientes de ello?. Un ordenador portátil, un proyector, un salón amplio y confortable, serían buenas ayudas, pero Dios no nos da buenas ayudas, nos da las mejores ayudas: sabiduría, compañeros, humildad, paciencia, confianza…

+ artículos de esta sección

Rubén Machí

martes, 15 de septiembre de 2009

Recomienda este artículo Nombre: e-mail: Enviar
         

BUSCAR

SANTORAL

 - Maria de la Cabeza
 - Audomaro
 - Beata Ángela Salawa
 - Pedro Claver
Nombre:
Día: Mes:
  Buscar  
(busquedas sin acento)

EFEMÉRIDES

 - 1585 - Nace Armand Jean du Plessis, Cardenal Richelieu.

LECTURAS

- XXIII del tiempo ordinario
- 1 Co 8, 1b-7. 11-13
- Sal 138, 1-24
-
- Lc 6, 27-38
- L.H: 3ª

Colaboradores  - Publicidad  - Nosotros  - Contacto  - Condiciones Generales